lunes, 7 de septiembre de 2015

Asfixia

Respirar es alejarme de tu coño.
Suena horrible pero así es la inercia
cuando es sin ti.

También puedo decirte cómo es el cielo,
aunque me lleven la contraria
los veraneantes que piensan que vacaciones es vivir.
Como si hubieran estado contigo.
Como si la vida dependiera de el azul del cielo
y de lo profundo del oceáno.
Como si una butaca con vistas a la orilla
donde dos italianas juegan a pervertir las olas
pudiera compararse a verte sonreír después de robarte
un beso y las gafas de sol.

Besarte con ellas puestas era como besarme a mí mismo.
Y yo nunca me he querido.

Respirar lejos de tu boca
es insultar al mismo viento.
Que por cierto, hace menos viento
desde que no te pones falda.
No lo llamaría ni brisa.
Y me la suda que los tendederos al moverse
parezcan banderas de un país de donde no quiero ser,
que al agitarse dieran la impresión
que pudieran llover las braguitas de cualquiera,
porque siempre será cualquiera si no eres tú.

Respirar lejos de tu nuca
es como soplar las velas
de cada año que no pasé contigo.
Como descumplir todos los deseos a la vez.
Horrible, como toser en un suspiro.
Estúpido, como suspirar en un recuerdo
que ni sabes olvidar porque no puedes
y no debes recordar porque suspiras.

Asfixiarte, a eso se parece respirar sin ti.
A bolsa de plástico en la cara.
A mano en la nariz del enemigo.
Al pie de tu sombra sobre el pecho.

A  la maldita alergia al polvo
que se acumula sobre tu nombre
en el mueble del salón.
A no saber limpiarlo sin borrarte.
A no tener los cojones de volver a escribirlo
sin  parecer a la vez que te llamo en voz alta
pero sin aire.
Como si me ahogara yo mismo
y tú tuvieras la culpa.

Inercia, de esto se trata el vivir sin ti,
aunque el vivir no signifique vida
y la vida no se traduzca en aire
y el aire no sepa de vientos
ni el viento vuelva a aparecer
hasta verte de nuevo con falda.

Entonces tal vez vuelva a respirar,
respirar de verdad,
aunque me falte el aire.

Por si las dudas

Antes de irte, recoge mi fracaso.
Tiende al sol esta pena de no saberte conmigo.
Finge mientras sales por la puerta,
algo similar a una tragedia.
Dí una frase inolvidable.
Haz ruido al bajar las escaleras,
como si lloviera en los peldaños. 

Antes de irte, procura que no sea primavera.
Que no quede en las perchas,
ningún vestido con el que disfrazar tu ausencia.
Que estén abiertos los bares,
que sea cerrada la noche,
que esté apagada la luna
y no te siga mi sombra.

Intenta dejar más de una herida,
una planta sin regar,
un por si acaso en la cornisa. 

No abandones mi ego en un previsible hasta nunca.
Retira todas las canciones de los azulejos del baño.
Acaba también con la bombona,
que cuando esté tiritando
grite tu nombre y no estés.

No dejes huellas, ni pelos,
ni luces, ni polvo.
No dejes hambre.
Ni boca.
Ni olor.
Ni sonrisa. 

Si me dejas, hazlo de veras,
para que sepa al dejarte,
que me ha dejado la vida.

Pero si decides quedarte
y no sé de mi fracaso,
ni el sol de mi pena.
Si de la puerta hacía adentro
no se conoce tragedia.
Si cualquier cosa que digas, 
me resulta inolvidable.
Si en tu pisar, los peldaños
son las teclas de un piano
y trae más lluvia tu boca,
que las nubes de Edimburgo.

Si tú decides quedarte
hasta el otoño confunde si se llama primavera.
Y las perchas de tu armario
juegan por morbo al desnudo,
mientras tu piel se pregunta,
por el color de mis sueños.

Y si se cierran los bares,
que se te abran las piernas.
Y si la noche es oscura,
que sea la luna en tus ojos
la que me robe la sombra.

No encontraré mis heridas,
regaremos con orgasmos las macetas del olvido
y no sabré si hay cornisa más allá de la ventana.

Si te quedas,
sabrán los azulejos del baño
cómo se canta en suspiros.
Y si yo grito tu nombre
por la frialdad de los grifos,
serán tus manos quienes dicten
cuánto calor necesito.

Deja tus huellas.
Tus pelos.
Deja tu luz, sopla el polvo.
Quítame el hambre a mordiscos.
Quiero tu boca y tu olor,
quiero lamer tu sonrisa.

Si te quedas bésame,
para que sepa al besarte,
que estoy besando a la vida.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Un adios entre miles

Y así fue como arruiné la relación humana más linda, más fascinante de mi vida, como ahora a ese hombre al que le provocaba tembladeras en las muñecas al pasar por una puerta, ahora sin embargo veo como la tarola recibe el más preciso golpe sin titubear, y fue así como deje de creer en mis convicciones, como ahora dudo del amor, de la verdad y estoy segura que el para siempre no existe. Una noche en la cual presentía ya que algo malo iba a traer, pero la maldita esperanza me jugó su milésima trampa y caí redondita, Y es que al final no me entiendes, yo pensaba que lo hacías pero no lo haces y no te culpo, te la ongo difícil, a todo cuanto respira se la pongo difícil, sobretodo a mí misma, Siento sinceramente que ya no tengo más la fuerza... esto ha llegado muy lejos y sólo hay dos caminos, El primero que parece el más corto, el que preferiría si no muriera (qué irónico) de miedo
por vivir en el odio para siempre, o la segunda opción que a veces hasta pienso puede ser igual de dura que la primera, o sea estoy atrapada de nuevo. Ya no sé lo que es tomar decisiones, ya no sé lo que es ser buena en ninguna cosa. En mi carrera ahora me siento una burra más, en el basket una coja más, en el ambito laboral, casi desempleada, en el ambito familiar mejor ni lo cuento, la amistad queda de parte de algunos pocos, los más importantes ya no están pero el peor es el del amor, sobretodo a mí misma. Pero me prometo a mí misma a que esta fue la última vez que me expongo a este tipo de dolores, no más.

Es así también como malogro mi mejor amistad, mi amiga incondicional